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Obesógenos: El Impacto Silencioso de los Químicos en la Epidemia de Obesidad

Actualizado: 16 nov

Introducción

La obesidad es un problema de salud pública creciente, con tasas alarmantes tanto en adultos como en niños. Si bien los factores más conocidos incluyen el sedentarismo y una dieta hipercalórica, investigaciones recientes han señalado la existencia de

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compuestos químicos llamados obesógenos, capaces de alterar el metabolismo y favorecer la acumulación de grasa(1). Estos compuestos están presentes en alimentos, envases, productos de higiene y el medio ambiente, lo que los convierte en una amenaza silenciosa.


¿Qué son los obesógenos?

Los obesógenos son sustancias químicas capaces de interferir en la regulación metabólica y endocrina, promoviendo la obesidad al inducir la diferenciación de células adiposas, modificar el metabolismo lipídico y alterar la homeostasis energética(2). Entre los principales obesógenos se encuentran:

  • Bisfenol A (BPA) y ftalatos: presentes en plásticos y envases de alimentos(3).

  • Plaguicidas organoclorados y organofosforados: utilizados en la agricultura(4).

  • Metales pesados como el cadmio y el plomo(5).

  • Compuestos perfluorados (PFCs): empleados en utensilios antiadherentes y textiles impermeables(6).

  • Bifenilos policlorados (PCBs) y dioxinas: subproductos industriales persistentes en el medio ambiente(7).


Mecanismos de Acción

Los obesógenos afectan la fisiología humana a través de diversos mecanismos, entre los que destacan:

  1. Alteración de receptores hormonales: Los obesógenos pueden imitar o bloquear hormonas como los estrógenos, los andrógenos y la hormona tiroidea, alterando la regulación del peso corporal(8).

  2. Activación del receptor PPAR-γ: Este receptor es clave en la diferenciación de adipocitos y su activación excesiva favorece la acumulación de grasa(9).

  3. Disrupción de la microbiota intestinal: Cambios en la composición bacteriana pueden influir en el metabolismo y la absorción de nutrientes(10).

  4. Inflamación crónica de bajo grado: La exposición a obesógenos puede generar inflamación persistente, un factor vinculado con la obesidad y enfermedades metabólicas(11).


Efectos sobre la salud y el rendimiento deportivo

Además del evidente impacto en el aumento de peso, los obesógenos están relacionados con enfermedades metabólicas como la resistencia a la insulina, diabetes tipo 2 y dislipidemia(12). En el ámbito deportivo, su presencia en el organismo puede afectar negativamente la composición corporal, el gasto energético y la eficiencia metabólica, lo que disminuye el rendimiento físico(13).


Prevención y Reducción de la Exposición

Para minimizar la exposición a obesógenos, se recomienda:

  • Evitar plásticos con BPA y ftalatos, optando por vidrio o acero inoxidable para almacenar alimentos(14).

  • Consumir alimentos ecológicos para reducir la ingesta de plaguicidas(15).

  • Filtrar el agua potable para eliminar contaminantes químicos(16).

  • Elegir productos libres de PFCs en utensilios de cocina y ropa(17).


Conclusión

El impacto de los obesógenos en la salud humana es un campo de investigación emergente con implicaciones significativas para la prevención de la obesidad. Reducir la exposición a estos compuestos podría ser clave para frenar la epidemia de obesidad y mejorar el rendimiento físico. La ciencia sigue avanzando para comprender mejor sus efectos y establecer regulaciones más estrictas que protejan la salud pública.


Bibliografía

  1. Comité Científico de AESAN (2023). Informe sobre obesógenos.

  2. Grün, F., & Blumberg, B. (2009). Endocrine disruptors as obesogens. Molecular and Cellular Endocrinology, 304(1-2), 19-29.

  3. Trasande, L. et al. (2016). Urinary Bisphenols and Obesity. JAMA Pediatrics, 170(4), 375-382.

  4. Lee, D. H., et al. (2006). A strong dose-response relation between serum concentrations of persistent organic pollutants and diabetes. Diabetes Care, 29(7), 1638-1644.

  5. Kippler, M. et al. (2013). Early-life cadmium exposure and its effects on health. Journal of Internal Medicine, 273(5), 446-457.

  6. Grandjean, P., & Clapp, R. (2015). Perfluorinated compounds: emerging threats to human health. Environmental Health Perspectives, 123(5), A129-A131.

  7. Heindel, J. J., et al. (2017). Developmental origins of health and disease and environmental exposures. Molecular and Cellular Endocrinology, 445, 95-102.

  8. Janesick, A. S., & Blumberg, B. (2016). Obesogens: an emerging threat to public health. American Journal of Public Health, 106(9), e1-e5.

  9. Barouki, R. et al. (2012). Developmental origins of non-communicable disease: implications for research and public health. Environmental Health, 11(1), 42.

  10. Martínez, I. et al. (2013). Gut microbiome and obesity: role of environmental chemicals and pharmaceuticals. Gut Microbes, 4(4), 335-340.

  11. Thayer, K. A., et al. (2012). Role of environmental chemicals in diabetes and obesity: a national toxicology program workshop review. Environmental Health Perspectives, 120(6), 779-789.

  12. Legler, J., et al. (2015). Obesogenic effects of endocrine disruptors. International Journal of Obesity, 39(4), 614-623.

  13. Hatch, E. E., et al. (2008). Association of endocrine disruptors with body weight and metabolic disorders. Endocrinology, 149(5), 2623-2632.

  14. Liao, C., et al. (2013). Bisphenol S exposure and obesity. Environmental Science & Technology, 47(12), 6223-6230.

  15. Trasande, L. et al. (2019). Reducing endocrine-disrupting chemical exposure in food. Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, 104(3), 1085-1094.

  16. Hu, X., et al. (2018). Water filtration as a strategy to reduce exposure to obesogens. Environmental Research, 161, 487-495.

  17. Scheringer, M., et al. (2014). Unnecessary risks of perfluorinated chemicals in consumer products. Environmental Science & Technology, 48(7), 3725-3730.

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